El Gobierno presenta el acuerdo sobre Gibraltar como el cierre de una etapa histórica, pero la realidad es que el Reino Unido mantiene la soberanía de la colonia, la base militar y el control estratégico del Estrecho. La verja no desaparece por completo, sino que se sustituye por un paso controlado con fuerte presencia policial, mientras España asume el coste de vigilar la frontera exterior de Schengen. Además, persisten las preocupaciones por el narcotráfico, el blanqueo de capitales y el mantenimiento de Gibraltar como paraíso fiscal.
