El fiscal general del Estado, acorralado por la corrupción, se aferra a un informe para arremeter contra la Comunidad de Madrid, el lugar donde comenzó su pesadilla judicial. Con las víctimas aún recientes y numerosos datos sin esclarecer, pretende utilizar los cadáveres y cenizas de los españoles como arma política. Su maniobra, lejos de aportar luz o justicia, evidencia la desesperación de quien, atrapado por sus propios actos, busca resquicios para mantenerse en pie en un escenario cada vez más adverso
