En pleno año “Francobeo”, como muchos lo han bautizado por la obsesión del Gobierno con reescribir el pasado, Pedro Sánchez firma una de las medidas más polémicas de su mandato: conceder la nacionalidad española a los hijos y nietos de los brigadistas internacionales. El presidente justifica la decisión como un gesto de “memoria y justicia histórica”. Pero para muchos, se trata de una maniobra ideológica que reabre viejas heridas y utiliza la Guerra Civil como herramienta política. Los brigadistas fueron combatientes extranjeros, muchos de ellos comunistas, que llegaron a España para luchar en uno de los conflictos más sangrientos del siglo XX. Fernando Paz denuncia que Moncloa sigue instalada en una visión sectaria del pasado, premiando a quienes participaron en una guerra fratricida y despreciando a las víctimas del otro bando.
