En otro tiempo, la Corona y la Iglesia fueron los dos pilares sobre los que se construyó España. Hoy, sin embargo, parece que la propia Casa Real prefiere mirar hacia otro lado, esconder sus símbolos y renegar de su historia. ¿Desde cuándo defender la tradición, la fe o la monarquía es motivo de vergüenza? La monarquía que sobrevive pidiendo perdón por existir, acaba perdiendo su razón de ser. Y una nación que reniega de sus raíces, termina desmoronándose. España no necesita una Corona acomplejada, sino una que recuerde quién es y a quién representa.
