La economía del Reino Unido se frenó bruscamente en enero. La Oficina Nacional de Estadística publicó que el producto interior bruto británico tuvo crecimiento 0 en el primer mes del año, muy por debajo de las previsiones del 0,2%.
El sector servicios, que representa la mayor parte de la economía británica, fue clave en el estancamiento, con importantes descensos en la hostelería y el comercio minorista.
La desaceleración del crecimiento ya era un hecho en la segunda mitad de 2025 y dejaba pocas opciones al gobierno laborista que ya había aumentado los impuestos de forma impopular. Pero ahora, con la incertidumbre sobre los precios del petróleo por el bloqueo del Estrecho de Ormuz, un sombrío panorama se cierne sobre el gobierno de Keir Starmer.
Algunos expertos apuntan a que, si el petróleo alcanza los 140$ por barril, la inflación en Reino Unido podría superar el 5%. Ante este pronóstico, el Banco de Inglaterra se resiste a rebajar los tipos de interés, por lo que este estímulo puede también quedar descartado. Así que los consumidores británicos, muy probablemente, vean rebajado su poder de compra y decidan no gastar, penalizando todavía más el crecimiento económico.
El gobierno de Starmer ha insistido en aumentar la presión fiscal sobre ciudadanos y empresas desde que llegó al poder, con la idea, según decía, de estimular la economía. Pues bien, la economía británica no ha respondido a este supuesto estímulo, sino que sigue frenándose. Y eso teniendo en cuenta que las cifras de enero no reflejaban el efecto de la guerra en Irán que muy probablemente sí que muestren ya las cifras de este mes de marzo.
La misma indefinición que Keir Starmer muestra en el asunto de la guerra, parece también un achaque en las decisiones económicas de su gabinete que quizá estaba algo centrado en agitar la batuta de la inmigración para contentar a la opinión pública.
