El Gobierno británico ha dado luz verde a nuevas perforaciones en el mar del Norte. La ministra de Energía, Miatta Fahnbulleh, autorizó esta semana la explotación del yacimiento de gas Jackdaw, situado a unos 241 kilómetros al este de Aberdeen, en Escocia.
La decisión supone un giro de calado. En 2024, los laboristas prometieron no conceder nuevas licencias de petróleo y gas. Era una de sus grandes banderas verdes. Hoy, el primer ministro Andy Burnham habla de un enfoque pragmático. Según él, el proyecto protegerá miles de empleos y ayudará a calentar millones de hogares este invierno.
El contexto lo explica casi todo. La guerra con Irán ha disparado el precio del gas. Las facturas de los británicos están en máximos de 4 años. Y la política climática ha pasado factura a la economía.
Desde 2022, las petroleras pagan un impuesto sobre beneficios extraordinarios. Con él, la presión fiscal sobre el sector llega al 78%. La patronal calcula que se pierden 1000 empleos al mes. Solo Harbour Energy, la mayor productora del país, ha recortado este año 250 puestos en Aberdeen.
Escocia es la gran perjudicada. En el noreste del país, 1 de cada 4 empresas ha reducido plantilla. Y no solo en la energía. También en hoteles, comercios y restaurantes. El puerto de Aberdeen, el más antiguo del Reino Unido, vio caer un 25% su actividad petrolera en un solo verano.
Ni siquiera Hacienda sale ganando. Los ingresos fiscales del mar del Norte se han desplomado en 1600 millones de libras. Menos producción significa menos recaudación y también más importaciones.
El nuevo yacimiento aportará, en su mejor momento, un 6% de la producción nacional de gas y podrá abastecer a 1,4 millones de hogares e inyectará 2900 millones de libras en la economía.
