La canciller de economía del gobierno británico, Rachel Reeves, presentó esta semana el presupuesto de 2025 con un ambicioso paquete de medidas fiscales que prevé elevar la recaudación en alrededor de 26.000 millones de libras (unos 30.000 millones de euros). El Gobierno sostiene que estas subidas de impuestos permitirán reforzar el margen fiscal y financiar tanto nuevas partidas de gasto social como inversiones estratégicas en servicios públicos e infraestructuras.
Sin embargo, la lectura detallada de este presupuesto revela una subida de impuestos con el objetivo de cubrir el déficit de ingresos que el estancamiento de la economía viene produciendo. Porque lo cierto es que no se contemplan reformas en el sector público, sino un simple aumento del gasto corriente y de algunas inversiones públicas que más que estratégicas son imprescindibles. Los incentivos a la inversión, a la compra de la primera vivienda o al emprendimiento brillan por su ausencia.
Pero, sobre todo, y aunque lo niegan, los laboristas han vuelto a incumplir su promesa de no subir los impuestos.
Se congelan los umbrales del impuesto sobre la renta y de las cotizaciones a la Seguridad Social hasta 2031, lo que hará que más contribuyentes pasen a tramos superiores conforme aumenten los salarios.
Esto supone una subida silenciosa del impuesto de la renta para más de 4 millones de británicos. También se introduce un impuesto sobre viviendas de lujo, junto con aumentos en la tributación sobre dividendos, rentas del ahorro, pensiones privadas y plusvalías. También suben los impuestos sobre el alcohol, el tabaco y el juego.
La autoridad fiscal independiente ha alertado de que estas medidas podrían mermar el crecimiento potencial de la economía y ralentizar la creación de empleo, y pone en duda que la mayor recaudación compense los posibles efectos negativos sobre la actividad económica y la capacidad de inversión del sector privado.
Este año se está batiendo record en el número de británicos que deciden emigrar, con preocupantes datos especialmente sobre los más jóvenes, que ven cómo su futuro el día que ganen algo de dinero, será pagar más y más impuestos.
