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Presupuesto de defensa: la primera patata caliente que Starmer pasa a Burnham

En este programa se habla de :

 

El agujero de 4.700 millones que Starmer deja en herencia a Burnham.


El Plan de Inversión en Defensa presentado esta semana por el Gobierno británico,
iba a ser el legado con el que Keir Starmer quería cerrar su etapa al frente de Downing
Street. En su lugar, se ha convertido en el primer quebradero de cabeza para Andy
Burnham antes incluso de haber tomado posesión formalmente como primer ministro.

El plan contempla 15.000 millones de libras adicionales durante los próximos cuatro
años, un incremento del 27%, que elevará el gasto en defensa hasta el 2,7% del
Producto Interior Bruto en 2029, con el objetivo de alcanzar el 3,5% comprometido con
la OTAN para 2035. Entre las prioridades figuran cazas de nueva generación, drones
de combate y la compra de aviones F-35A capaces de portar bombas nucleares,
mientras se retiran modelos de fragatas y helicópteros ya obsoletos.

El problema, sin embargo, está en la letra pequeña. La canciller Rachel Reeves solo
ha explicado de dónde saldrán 10.300 millones de los 15.000 anunciados. Los 4.700
millones restantes quedan pendientes de confirmación en los presupuestos de otoño,
ya bajo la responsabilidad de Burnham y de quien sea su nuevo canciller de
economía. Fuentes parlamentarias sugieren que el propio Burnham fue informado del
contenido del Plan de Inversión en Defensa antes de su publicación, pero no de que
heredaría ese vacío presupuestario sin resolver.

El debate de fondo va más allá de las cifras concretas. El Instituto de Estudios
Fiscales advierte que llegar al 3,5% del PIB en 2035 exigirá encontrar unos 25.000
millones de libras adicionales cada año en términos actuales, una presión fiscal que
obligará a decisiones dolorosas sobre impuestos, gasto social y deuda pública. La
tentación de recortar el presupuesto de ayudas sociales para financiar defensa ya
sobrevuela Westminster, aunque los analistas coinciden en que ese ajuste, por sí solo,
no bastaría para cubrir la diferencia.

Por su parte, la derecha británica exige ir más rápido hacia el 3% de gasto y adoptar
medidas de auténtico estímulo para la economía aligerando la presión fiscal que no ha
parado de aumentar desde la llegada al poder de los laboristas.
Para Burnham, que hereda un país con los costes de endeudamiento más altos del
G7, la defensa se perfila como el primer examen de fuego de su liderazgo.

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