En Europa se produjo una auténtica caza de brujas en los siglos XVI y XVII. En España, Fray Alonso de Salazar y Frías (1609-1614) fue el que puso fin a la histeria al estudiar el caso de las Brujas de Zugarramurdi. Determinó que no había nada de sobrenatural en aquello y que las confesiones se obtenían por medio de la sugestión y del miedo. Desde entonces, la Inquisición adoptó una postura muy escéptica al respecto. Mientras tanto, en el resto de Europa y en las posesiones norteamericanas se les seguía llevando a la hoguera y a la horca incluso casi un siglo después como en el caso de las Brujas de Salem (1693). Lo explica Mercedes Temboury, autora de ‘La Inquisición Desconocida’.
