Sánchez no se atreve a llevar al Congreso su ‘No a la guerra’, lo lleva al plasma y eso es un fraude a la democracia. Además, su ‘no a la guerra’ implica benevolencia hacia el sanguinario régimen de los ayatolás, o al ataque de Hamas sobre civiles de Israel o hacia el régimen dictatorial y cruel de Maduro. Sus caprichos, los pagamos todos. Como recordarán la graciosa concesión del Sáhara español a Marruecos nos llevó a la ruptura con Argelia, que era nuestro proveedor de gas barato, por gasoductos amortizados. Lo hizo sin contar con el Parlamento y los españoles a pagar el sobrecoste de traer gas de Estados Unidos o de Trinidad Tobago. Pero eso no es lo peor. Lo peor es que reacción tendrán los fondos norteamericanos que son el sustrato alimenticio del Ibex 35 español. Fondos como BlackRock, Vanguard o Capital Group que apuestan unos 94.500 millones en empresas españolas del Ibex y que puedan ser influidos por la Casa Blanca en su ofensiva contra el Gobierno español. Eso tampoco lo pagará Sánchez.
