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YA NO CUELA

Lo torcido

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La izquierda acaba siendo siempre una preferencia instintiva por lo torcido. Hace tiempo que esa cosa amorfa no puede definirse por un modelo económico, que ese alegre club de patrones, esa entelequia a la que se dota de alma y voluntad bajo el nombre de “el Ibex”, está feliz con nuestros socialistas.

Si la gente no estuviera dormida, adormilada por las nanas incesantes de los medios de comunicación y entretenimiento, quizá se preguntara qué ha pasado, qué ha cambiado, qué ha salido terriblemente mal para que los amos del dinero sonrían complacidos a un sedicente socialista. No sé, debería sonar raro, ¿no?

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Pero es que, al fin, eso no era la izquierda. La izquierda tiene su propio impulso ciego, una pulsión de muerte que le hace preferir, a la larga, lo torcido. No es que la política sea así y haga extraños compañeros de cama, y que uno no siempre pueda elegir con qué aliados va a la batalla. Hay una repetición que hace eso inverosímil.

Lo de Navarra es eso, y que haya ahora en su gobierno como consejera una exbatasuna que agredió a la Policía no es ya una anomalía. Es preferible, porque agredir a la policía está bien, es una medalla y un timbre de gloria. La izquierda es una preferencia por el desorden, y cuando gana -y lleva décadas de victoria-, el resultado es esta esquizofrenia de estar en el poder y oponerse al poder; de estar contra el orden y decidir el orden.

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