JUICIO A LOS GOLPISTAS

Millo apuntala la tesis de la rebelión: Violencia, la ‘trampa del Fairy’ y chalecos rajados

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Entre los episodios de violencia, se ha referido a la «trampa del Fairy» como uno de los tipos de agresión que sufrieron los agentes que participaron en el dispositivo desplegado en la jornada del referéndum del 1 de octubre en Cataluña. Consiste en verter detergente, para que el agente resbale y caiga al suelo «y luego les patearan la cabeza», ha explicado.

El que fuera delegado del Gobierno en Cataluña Josep Enric Millo ha relatado este martes durante su declaración en el juicio del golpe separatista en el Tribunal Supremo que dedicó mucho tiempo en tratar de convencer al expresident Carles Puigdemont de que olvidara su «planteamiento políticamente suicida» de buscar la celebración de un referéndum de autodeterminación en Cataluña. «Pero al otro lado de la mesa me encontré una silla vacía, porque no había otra cosa para él que no fuera celebrar el referéndum».

Millo ha reconocido que durante la primera parte de sus 18 meses de mandato, que comenzó en noviembre de 2016, siempre tuvo una relación «correcta y de colaboración en todos los aspectos» con el Govern de Puigdemont, que «solo se complicó con relación a lo hechos» que se juzgan en el alto tribunal.

Desde el principio, según el delegado del Gobierno de Mariano Rajoy en Cataluña, mantuvo varias reuniones con Puigdemont «en privado» a petición del propio expresident, de las que recuerda especialmente dos, en febrero y en mayo de 2017.

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«Mi interés era persuadirle de que mantener esa posición era muy mal camino, que su obligación era cumplir con la Ley, pero su posición siempre fue la misma, no había ningún otro tema del que le interesase hablar que el de conseguir el beneplácito para un referéndum «, ha manifestado a preguntas del fiscal Javier Zaragoza.

Actos violentos y hostigamiento

El exdelegado del Gobierno ha relatado cómo desde tres semanas antes del referéndum del 1 de octubre de 2017 se produjeron cientos de actos organizados de «hostigamiento, acoso, violencia e intimidación» a instituciones, cuarteles, agentes de Policía y Guardia Civil y comisiones judiciales.

Concretamente, Millo ha situado el inicio de estos actos justo después de las llamadas leyes de desconexión –ley de transitoriedad y ley de referéndum– en el Parlament los días 6 y 7 de septiembre, ya que, concretamente la primera de ellas estableció en Cataluña una «especie de ficción» que generaba una «doble realidad», una situación que ha calificado de «kafkiana».

Por tanto, estas leyes y la «estrategia» del Govern y el Parlament, ha explicado, provocó «mucha incertidumbre» y fue entonces cuando comenzaron las «acciones de hostigamiento, asedio e intimidación», que ha elevado a más de 200, y que no cesaron hasta mediados de noviembre, una vez ya aplicado el artículo 155 de la Constitución.

El fiscal Javier Zaragoza ha querido saber cómo vivió él esos días en Cataluña y cómo era el ambiente en las concentraciones de protesta que se sucedieron en las semanas en torno al referéndum ilegal. Millo no ha escatimado en detalles y ha relatado de forma pormenorizada y rotunda su experiencia.

De este modo, ha hablado de lanzamiento de objetos incendiarios, acoso a policías y guardias civiles, hostigamiento en los hoteles donde éstos se alojaban, acoso a comisiones judiciales y en las subdelegaciones del Gobierno en las cuatro provincias catalanas. «Se creó un clima de violencia tal que allí donde había una diligencia judicial había un grupo de personas para amenazar, hostigar e intimidar con el objetivo de impedir las acciones judiciales», ha explicado.

Millo revela la «trampa del Fairy»

Entre esos episodios de violencia, se ha referido a la «trampa del Fairy» como uno de los tipos de agresión que sufrieron los agentes que participaron en el dispositivo desplegado en la jornada del referéndum del 1 de octubre en Cataluña. Consiste en verter detergente, para que el agente resbale y caiga al suelo «y luego les patearan la cabeza», ha explicado.

«Tuvieron que afrontar una situación muy difícil, habían estado cumpliendo con su deber y pude comprobar lesiones, dedos rotos, alguna fractura de pierna», ha enumerado, para añadir el caso de un chaleco antibalas «rajado de extremo a extremo, lo que no se hace con una uña», y que en dicho momento también alguno le confesó que había caído en la «trampa del Fairy».

En este momento del interrogatorio ha tenido que intervenir el presidente del tribunal, Manuel Marchena, que ha pedido a los asistentes que evitaran «murmullos y sonrisas irónicas».

Sobre el número de agentes heridos en total, Millo ha señalado posteriormente a preguntas de los abogados de las defensas que fueron 93, mientras que no ha conocido nunca de forma oficial el número de ciudadanos lesionados, que el día del referéndum pasaron de 40 a primera hora de la mañana a casi un millar al terminar el día según las declaraciones del miembros del exGovern.

Los refuerzos pedidos por el TSJC

El exdelegado del Gobierno ha relatado también el caso concreto del presidente del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC), quien le pidió reforzar la seguridad del edificio con Policía Nacional y Guardia Civil porque en la ley de transitoriedad, una suerte de norma suprema para una supuesta ‘república catalana’, se establecía que su cargo sería elegido por el presidente catalán y, por tanto, «no sabía lo que iba a suceder, si le iban a destituir», en esa situación de «doble legalidad» creada tras el 7 de septiembre.

De todas estas concentraciones de protesta, una de las más «preocupantes» para Millo fue la del 20 y 21 de septiembre ante la Consejería de Economía de la Generalitat, sobre todo por la cantidad de personas concentradas –decenas de miles– y las proclamas que iban lanzando, como «No saldrán hasta que no queramos» o «Vamos a defender nuestras instituciones».

Para el político catalán, estos gritos respondían a la idea de que «si querían defender las instituciones es porque pensaban que les estaban atacando». «Era el mundo al revés», ha lamentado, para añadir después que este clima fue incentivado desde las instituciones catalanas y las entidades sociales.

Pero no sólo fue la Consejería de Economía, sino que, según Millo, otros muchos edificios fueron asediados ese día por los registros ordenados por el Juzgado de Instrucción número 13 de Barcelona. En la de Asuntos Exteriores, concretamente, vio «personas subidas en el vehículo de la comitiva judicial».

«Si todo eso no es violencia…», ha afirmado el exdelegado del Gobierno, quien vio además pintadas en las que se podía leer «Millo muerte». «Amenazar y señalar personalmente a agentes policiales que tienen su casa en Cataluña. Esto de pacífico no tiene mucho. Hubo una componente clara de violencia, de agresividad», ha añadido.

Aparición de los CDR

Millo ha destacado la capacidad de movilización —«en 20 minutos eran capaces de ubicar a 500 personas en un sitio y en 30 cambiarlas de sitio»-– a través de redes sociales y mensajes de Whatsapp que se vio durante esas semanas de septiembre y octubre de 2017, en la que los Comités de Defensa del Referéndum (CDR) –después reconvertidos en Comités de Defensa de la República– adquirieron «una importancia tremenda».

Según Millo, los CDR son «aparentemente células autónomas que funcionan de forma espontánea», si bien ha remarcado que «un estudio detallado permite deducir que hay una estructura y organización» detrás de ellos, lo cual «de espontáneo tiene poco». «Es un movimiento muy plural y muy diverso, en el que seguro que hay gente de buena fe y pacifista, pero hay otras con otros objetivos que no tienen inconveniente en usar la violencia», ha subrayado.

El exdelegado del Gobierno ha situado a los CDR en el último escalón de una estrategia en cuya cúspide ha situado al Govern, el Parlament y la «sociedad civil organizada» a través de organizaciones como la Asamblea Nacional Catalana (ANC) y Òmnium Cultural, alrededor de las cuales «gravitan otras entidades más pequeñas que tienen vinculación directa o indirecta con los CDR».

El fiscal Zaragoza ha querido saber entonces cuál fue la actuación de los Mossos d’Esquadra en esas semanas y si la Delegación del Gobierno percibió apoyo en la policía autonómica para hacer frente a las protestas y los actos de «acoso» y «hostigamiento». Sin embargo, Millo ha lamentado que su apoyo «no siempre fue todo lo eficaz que pudo haber sido».

Los Mossos tardaban horas en llegar

De hecho, ha afirmado que a veces tardaban «horas» en llegar a la llamada de policías y guardias civiles. Y además, ha dicho que no recuerda que el entonces conseller de Interior, Joaquim Forn, para abordar este problema.

Y es que, según el exdelegado del Gobierno, la versión oficial que transmitía la Generalitat esos días es que las concentraciones eran «actos poco menos que festivos y folclóricos». «Pero todos pudimos ver que la intención era otra; las llamadas eran a la defensa de las instituciones», ha apuntado.

De Forn también ha tenido oportunidad de hablar minutos antes el exdelegado del Gobierno, cuando ha comentado la crisis de gobierno que acometió el expresident Carles Puigdemont el verano anterior al referéndum y el conseller ahora acusado asumió la cartera de Interior.

Según su versión, la primera vez que se reunió con Forn tras tomar éste posesión le dejó «estupefacto» cuando le transmitió que la Generalitat iba a «garantizar que la jornada electoral se desarrollara con total normalidad». «Le dije que no entendía de qué jornada hablaba y me dijo que la del referéndum. Ahí le manifesté un punto de desacuerdo muy grave: le dije que ese día no se iba a celebrar un referéndum y él contestó que no tenía más que decir», ha relatado.