TRIBUNA

¡Cataluña del alma… Cataluña!

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Dice el adagio español: De aquellos polvos, estos lodos.

Hoy los lodos se han convertido en enormes barrizales, salpicando por doquier, intentando conseguir la consumación de la traición. El espectáculo de Cataluña demuestra que SÍ somos diferentes. No voy a hablar en este momento de hechos tan deprimentes, conocidos por todos. En algo, por lo menos, ganamos a los europeos por goleada.

No pienses en nuestro maravilloso sol, en nuestras playas o en nuestra cocina, que, de verdad, sí estamos en cabeza. También somos diferentes en la libertad de opinión y de acción. En ningún país de los llamados democráticos se tiene tal liberalidad. Los hay que dicen y hacen lo que quieren y no pasa nada. Se queman banderas, se insulta a las Instituciones, se miente, se roba y sólo a algunos, al cabo de los años o de las décadas les llega su merecido.

Damos ejemplo, además, en el ámbito político, no siempre con actuaciones loables. Desgranaré poco a poco los polvos y los lodos que han creado, a lo largo del tiempo, estos barrizales, señalaré a los traidores con distintos niveles de implicación y de responsabilidad. El tema viene de muy lejos. Se inició con los Reyes Católicos, después con los Borbones (especialmente con Felipe V y su hijo Carlos III, para congraciarse con los disconformes y con los rebeldes). La Dictadura de Franco fue el colmo de la magnanimidad del Régimen con los inconformes de siempre, los malos hijos, para que se callaran de una vez. Elevó el listón de la traición contra el resto de España, hasta niveles insospechados.. A Cataluña y al País Vasco les fue dando todo.

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El resto de España, pobreza, ruina, miseria. Centenares de miles de jóvenes, abandonados, con hambre, sin horizonte en su vida, iniciaron una emigración masiva, creando y colmando de desarrollo y bienestar la tierra prometida.

Llegó el inicio de la Democracia con la mejor Constitución de toda nuestra Historia, a la que le debemos mucho, en todos los ámbitos. Tuvo, sin embargo, sus pequeñas debilidades con los dos hijos rebeldes, que se han transformado en felonías indescriptibles. Se envalentonaron y, soterradamente, fueron pidiendo más y más y más… hasta que lo exigieron todo, la traición y la Independencia de la Madre Patria.

Unos lo hicieron matando a todo aquel que no estuviera de acuerdo con ellos, con la connivencia más o menos encubierta, de los que tenían los mismos objetivos. Otros empezaron lo mismo, con tropas asesinas de avanzadilla, para conseguir el mismo sueño de siempre, como mal hijo, traicionar a la madre y conseguir la Independencia. A estos, la sangre les producía grima en la escasa inteligencia emocional que tenían.

Optaron por seguir las estrategias seculares, que les habían dado tan excelentes resultados durante más de cinco siglos. Esta ha sido la explosión de una bomba que se ha ido llenando de ignominia, injusticia, trato preferente, permisividad, inacción, traición y muchos adjetivos más, desde tiempos antiguos. Hijos bien nacidos pero mal criados y, como consecuencia, desagradecidos y dictadores, imponiendo sus propias reglas de juego.

Son muchos y muy antiguos los capítulos de la Historia en los que se han ido generando y engrosando, hasta reventar, las villanías de hoy, como he dicho antes. La Constitución de 1978, a la que tanto debemos todos, que nos orientó sin retorno a la democracia, con muy buena voluntad y poco acierto, consolidó el tramo final del camino a la traición.

No hubiéramos llegado a este límite sin el respaldo directo o indirecto, por acción, por omisión o por inacción de todos los Presidentes de la Democracia, con sus correspondientes Gobiernos, con más o menos responsabilidad, hasta el día de hoy, en la desastrosa situación en la que nos encontramos. No vamos a dejar fuera de este juego al Poder Judicial y a los varones y varonesas del Congreso y del Senado. Los ciudadanos sufridores de toda la polvareda que se avecinaba, no teníamos voz y el voto que depositábamos periódicamente no servía para nada.

Incluso, muchos lo advertíamos de forma explícita, recibiendo siempre la callada por respuesta.

El Doctor Sánchez y su selecto equipo Ministerial, no dejan de sorprendernos. Se reúne con los traidores para seguir avanzando en la traición. ¿Un relator, un mediador?

Cualquiera de sus sinónimos, será utilizado a nivel internacional para demostrar que ya han metido un gol. No dicen, sin embargo, que el portero se había retirado discretamente de la portería. Señor Sánchez, ¿Cree que todos los españoles somos tontos? Usted y su cuadrilla tampoco son tontos, pero sí son malos.

www.valoresuniversales.es

por Noé de la Cruz.

Licenciado en Pedagogía, Licenciado en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid. Especializado en Sociología (Técnicas de Investigación Social y Sociología de la Familia) y Diplomado en Psicología Industrial por la Escuela Superior de Psicología y Psicotecnia de Madrid. Ostentó el cargo de Consejero Titular en el Consejo Nacional de Educación durante 6 años. www.valoresuniversales.es