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YA NO CUELA

El pánico

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Destruyen, para vencer, lo que luego todos lamentaremos haber perdido: la credibilidad de los medios, la imparcialidad de las instituciones públicas.

No sé si es curarse en salud o la traición del subconsciente, pero el titular con el que hoy abre El País es simplemente perfecto: ‘El CIS da al PSOE opción de gobernar sin los secesionistas’.

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Hace no tanto, ese titular hubiera significado una cosa, se hubiera entendido sin problemas como que el electorado mostraba inclinación a votar a los socialistas en una proporción suficiente y una institución pública, pagada por todos, así lo recoge.

Pero esos tiempos felices quedaron atrás: ahora se entiende literalmente, como que es el CIS, no la realidad, la que da al PSOE esos votos fantasmales. Primero fue la prensa la que quedó por completo como cheerleader de los partidos; ahora ya todo, cualquier cosa, incluidos los aparatos del Estado. Eso sí es corrupción en el sentido literal de podredumbre del sistema, mucho más que llevárselo calentito.

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Es la maldición del corto plazo. El poder lo invade todo, se convierte en lo único que realmente importa, porque ya está en todo y lo controla todo. Y, en el mejor de los casos, son cuatro años de mandato. Por eso destruyen, para vencer, lo que luego todos lamentaremos haber perdido: la credibilidad de los medios, la imparcialidad de las instituciones públicas.

Porque todo arde muy rápido, y aunque sea útil y funcione la primera vez, queda inservible para los restos. Poco a poco, la gente ha entendido que las encuestas, privadas y ya incluso oficiales, solo son instrumentos de propaganda, y que para saber lo que dicen los estudios demoscópicos de verdad es más útil fijarse en las reacciones de los líderes.

Y en casi todos se lee una cosa: pánico. A Vox, que es la única oposición real que existe, el único partido que tiene algo realmente nuevo que ofrecer, la única fuerza, por ahora, que no sigue al pie de la letra el consenso servil del pensamiento único.

Lo vemos en el mitin de la presidente de Nuevas Generaciones del PP, reprochando “a los de verde” que saquen pecho frente a ETA cuando la banda lleva ya casi una década desactivada. Qué metedura de pata, ¿no? Entre ‘los de verde’ está su líder, Santiago Abascal, amenazado personalmente por ETA desde bien jovencito y enfrentado de cara a los terroristas. Están Ortega Lara, ‘huesped’ involuntario de los asesinos durante casi dos años, Francisco José Alcaraz, militares amenazados. Se le podía haber ocurrido cualquier otro reproche, la verdad. Pero el pánico tiene estas cosas: impide razonar.

Es pánico que Casado, en una entrevista publicada por El Confidencial, declare que “el votante de Vox no tiene ningún motivo para no volver al Partido Popular”. Ayer mismo, los de verde eran una chusma de deplorables fascistas cuya sola sombra hacía impuro, como los parias de la India, y hoy son unos ciudadanos tan perfectamente respetables que el líder de los ‘populares’ no ve razón para que no voten al PP.

Le diré una, señor Casado: esta entrevista. Esta reacción, estos cambios de veleta, esa misma actitud que impide creer en todo lo que vende ahora, en ese regurgitar lo que digan las encuestas en cada momento. Y mentir, sobre todo mentir; hacer, al llegar a la Moncloa, lo contrario de lo prometido. ¿Por qué habría de ser distinto ahora, Pablo? Te has deshecho del marianismo. ¿Por qué ahora? ¿Por qué te parecía estupendo todo lo que hacía Rajoy justo hasta que desapareció de la escena y no te fue útil?

Aunque, hablando de pánico, de la color demudada y la voz balbuciente de pánico, nada como Ferreras cuando se le va el sonido en el momento en que Pablo Iglesias le está sermoneando. De ver en bucle.