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El inmenso poder del lobby gay

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Ese “centro” político español que parecen estar disputándose los dos partidos que llaman de “derechas”, PP y Ciudadanos, da la impresión de que desconocen parte de la historia más reciente del giro ideológico que hoy mueve la actuación de la izquierda española representada por el PSOE y, por supuesto, por la extrema izquierda.

Supongo que sabrán los líderes de ambos partidos, sus ejecutivos y sus fieles seguidores, los hechos que se sucedieron en el mayo del 68 francés. Pero, ¿saben quién fue el ideólogo de esa revolución de estudiantes apoyada después por los obreros franceses? ¿Saben cuáles fueron las conclusiones a las que llegó ese ideólogo después de ser derrotada aquella revolución?

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Por si puede serles de utilidad debo decirles que hoy, en gran medida, estamos sufriendo en España una gran parte de las conclusiones y consecuencias que determinó aquella ideología izquierdista. Se llamaba Herbert Marcuse. Cuando se derrotó la revolución por parte del conservadurismo francés y la habilidad del presidente De Gaulle, Marcuse lo dejó muy claro.

Las revoluciones ya no podían ganarse con tonterías como “la lucha de clases”, “acabar con el capitalismo” o “terminar con la burguesía”. Los obreros vivían ya muy bien en las democracias occidentales. Había que encontrar otra fórmula más imaginativa, más sibilina, mucho más eficaz.

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¿Cuál podía ser para Marcuse y sus seguidores? Apoyar y atraerse a todas las organizaciones contestatarias que aparecieran sobre la faz de la Tierra: feministas, ecologistas, homosexuales, proabortistas, proinmigrantes ilegales, pacifistas, etc.

Esta ideología no la descartó el felipismo en España a partir de 1982 hasta 1996. Sólo basta recordar las campañas de “ponerse al loro”, “póntelo, pónselo”, pornografía a discreción, leyes educativas socialistas en exclusiva, etc. Y culminó con el zapaterismo y continuaría con el sanchismo.

Por tanto, desde el año 2004 el apoyo del PSOE a estas nada despreciables minorías, a base de suculentas subvenciones a nivel estatal, autonómico y local, ha sido enorme. Saquen las cuentas los avispados economistas de ambos partidos, PP y Ciudadanos.

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Estas nada despreciables minorías están influenciadas por la ideología izquierdista hasta el tuétano. La consecución de la defensa de sus inviolables “derechos” se ha plasmado en leyes y decretos presentados, la inmensa mayoría de ellos, por las izquierdas. Y en este caso por el PSOE. Por tanto, el apoyo a la “revolución socialista e izquierdista”, en general, ha quedado asegurado. Con dos premisas fundamentales: sólo las izquierdas tienen derecho a gobernar y sus leyes deben ser acatadas sin rechistar por muy anticonstitucionales o totalitarias que pudieran ser. Fue la fórmula de Marcuse.

A esta revolución tanto el PP como Ciudadanos llegaron tarde. Pero se han sumado a ella, en especial en relación con los homosexuales, con el poderoso lobby gay. Y se han pretendido sumar debido a sus complejos y pensando que sumándose a leyes y a actuaciones ab errantes iban a ganar adeptos, esto es, votos.

¿Creían que así podrían ganar adeptos en el más que ideologizado DÍA DEL ORGULLO, como lo llaman ahora? Fíjense: ya no es el día del orgullo gay. Ya sólo es el día del orgullo. Ya han ganado también esa partida dialéctica. A parecer, ya no existe más orgullo que ser homosexual. Ni orgullo de ser español, de nuestra Historia, de nuestros descubrimientos pasados y presentes… Nada. Aquí el único orgullo que existe es ser homosexual, transexual, etc.

¿Sabrían estas básicas ideas los jóvenes españoles centristas de Ciudadanos? Cuando hace sólo unos días pretendieron incorporarse a la marcha del ORGULLO les insultaron, les escupieron, les lanzaron botes…, les echaron. ¿Porque pueden unirse a los de Vox en determinados gobiernos y éstos denuncian la intransigencia de aquellos individuos y las leyes que los amparan? NO.

Les echaron porque los espectáculos aberrantes que organizan –véanse fotografías y vídeos de la fiesta en Madrid- son de la exclusiva propiedad de las izquierdas, de quienes únicamente están agradecidos y de quienes reciben todo tipo de ayudas, empleos y consignas. ¿Por qué no echaron al ministro del Interior socialista, bailando en un escenario cara al público? ¿Por ser homosexual? Creo sinceramente que no. No lo hicieron porque se ha reconvertido en una persona de izquierdas, del PSOE. Es de los suyos.

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Jóvenes de Ciudadanos: una cosa es comprender al homosexual, ayudarle y respetarle. Otra, muy diferentes, es que su condición prevalezca sobre la de cualquier otra persona y sus actos en público no sólo sean un bochornoso espectáculo, indigno y aberrante, como lo fue el pasado día del famoso y, al parecer, único ORGULLO. Consecuencia extensiva también para muchos jóvenes del PP.

Y mucho menos comprensibles son leyes como la LGTBI (o algo así), que promueve el adoctrinamiento de los “derechos” de los homosexuales en colegios, para influir en los pequeños acerca de su sexualidad. En mi opinión, un verdadero disparate.

Pero es así, a través de generaciones, como se gana la revolución según Marcuse. Y en España lo están consiguiendo. Gracias, entre otros, a partidos “de centro”, como Ciudadanos y parte del PP.

No pretendáis imitar, copiar o hacer seguidismo de los revolucionarios. Combatidlos con ideas propias, con la palabra; no queriendo ser como ellos.