YA NO CUELA

La alfombra roja, roja

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Cada año es todo más patético dentro del edificio

A los más jóvenes del lugar quizá les sorprenda saber que hubo un tiempo, perdido en las brumas de un pasado legendario, en el que los Oscar premiaban la calidad de las películas, antes de que la gala pasara a tener el mismo atractivo que el festival de Eurovisión, es decir, comentar en redes sociales las pintas de los asistentes.

La Segunda Ley de Conquest se cumple con tanta fiabilidad como la de la gravitación universal, y ahora estos premios, como todos los de algún peso ya, no solo galardonan exclusivamente la corrección política más rígida, sino que actúan a modo de mercado de valores, para saber qué grupo de víctimas autodesignadas cotiza más alto esta temporada.

Todo está fuera, en la alfombra roja, y nada dentro. Es un desfile, es una de esas cabalgatas que en el Antiguo Régimen regocijaban al honrado pueblo que podía, ese día, ver pasar a sus señores vestidos con sus mejores galas a la vista del populacho vitoreante. Lo demás sobra, y cada año es todo más patético dentro del edificio. ¿Qué toca este año, racismo u homofobia? ¿El regreso del nazismo de la mano de Trump, los transgénero, el Heteropatriarcado? Pero todo compensa por oír a Lady Gaga decir que «si tienes un sueño, persíguelo», una perla de sabiduría que no se le había ocurrido jamás a nadie.

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En el panorama español, todo sigue de película. El PSOE protagoniza estos días una de desamor y cuernos, como la bella despechada en actitud pasivo-agresiva. Desde antes incluso de que Rivera diera el salto a la política nacional, ha estado definiendo su partido como «centro-izquierda». No es que diga mucho, pero pronunciar la palabra «derecha» es como mentar la bicha en la escena política, uno de los más inmutables tabúes de la tribu.

Pero Rivera le ha visto las orejas al lobo electoral, y se ha dado cuenta de que los que no están deseosos de mandar a Sánchez donde amargan los pepinos son los mismos que no votarían a Cs ni hasta arriba de orujo de Liébana, así que ha dado calabazas preventivas a los socialistas y le está poniendo ojitos al PP, al que se le ha puesto cara de Malú.

El PSOE responde con los habituales reproches de la parte despechada, en un guión sentimental y triste que puede convertirse en cualquier momento en Atracción Fatal. Los socialistas, que han sacado a los muertos a hacer campaña, dicen por boca de su líder don Narciso que la derecha solo mira al pasado, mientras fía su esfuerzo en desenterrar a Franco, homenajear a Azaña y acusar a Casado y Rivera de dejar morir a Antonio Machado en el exilio.

De hecho, lo de Machado se ha convertido en el ‘meme jaque mate’ de la progresía más tonto de los últimos días en las redes: después de haber mandado al sevillano al exilio, por parafrasear a Adorno, la derecha no puede volver a hacer poesía. Estos no han oído hablar, imagino, de Céline o Ezra Pound.

La peli de Ciudadanos se parece más últimamente a una sucesión de ‘sketches’ de Mr. Bean. El último lo ha protagonizado Inés Arrimadas -que, en un aparte, tiene realmente cara de enfermera cinematográfica de la Segunda Guerra Mundial, bien por @OptimateSila-, imitando a destiempo y sin venir a cuento una patochada al modo secesionista. Se han ido ella y cuatro más a Waterloo -nomen omen- con una pancarta a dar la brasa a un tipo que teníamos bastante olvidado, para nuestro bien. No sé, se me ocurren fórmulas más baratas de arruinar tus opciones electorales.

En cuanto al PP, la cinta que presenta a concurso estos días es una de esas enésimas ediciones de alguna película de terror de culto, de esas que terminan con la muerte del malo, solo para hacerle resucitar a la siguiente. Con Soraya rondando en las sombras, al pobre Casado se le está poniendo cara de adolescente de campamento en el Lago Cristal.