EL CAMINO DE LA UNIÓN

La Unión Europea, un leviatán imposible de reformar

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El Parlamento tiene tres sedes: una en Bruselas, otra en Estrasburgo y otra en Luxemburgo. Esta última por razones fiscales, no vayáis a pensar que las cuentas de todos los eurócratas van a estar radicadas en Bélgica o Francia.

Estamos muy cerca del Brexit y una de las principales razones por las que los británicos decidieron votar por salir de la Unión Europea es, sin lugar a dudas, la incapacidad de ésta de ser reformada. Esto quedó reflejado en las encuestas cuando, unos meses antes del referéndum, David Cameron volvió de Bruselas con las manos vacías tras haber intentado negociar una repatriación de poderes. En aquel momento, nadie quiso otorgarle ni la más mínima concesión para presentar de cara a la galería. Si le hubieran concedido algo, probablemente hoy no hablaríamos del Brexit.

Cuando hablamos de lo difícil que es reformar la Unión Europea, no sólo hablamos de las grandes decisiones o de los poderes que poco a poco la Unión se ha ido apropiando de los Estados, entre otros, gracias al Tribunal Europeo de Luxemburgo. Hay un montón de pequeñas cositas que siguen funcionando y que parece imposible cambiar, como por ejemplo, la necesidad de dos Parlamento Europeos. Sí, dos.

El Parlamento tiene tres sedes: una en Bruselas, otra en Estrasburgo y otra en Luxemburgo. Esta última por razones fiscales, no vayáis a pensar que las cuentas de todos los eurócratas van a estar radicadas en Bélgica o Francia. Pero Bruselas y Estrasburgo sí son sedes parlamentarias: dos edificios muy diferentes pero con el mismo uso; uno abierto tres semanas al mes y el otro sólo una.

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Una vez al mes, los 751 diputados, sus asistentes y una gran mayoría de los funcionarios del Parlamento Europeo viajan el lunes por la mañana a la ciudad de Estrasburgo. Allí, esas más de tres mil personas vivirán en hoteles hasta el jueves al mediodía, cuando volverán a coger el tren, de uso exclusivo para los trabajadores, para volver a Bruselas.

Cada eurodiputado cuenta delante de su oficina con un baúl verde de plástico y de un tamaño lo suficientemente grande como para que Ryanair te mandase directamente a facturación.

Sí, esto ocurre todos los meses, y en ese desplazamiento, a los funcionarios y asistentes de los diputados se les pagan sus dietas además de su sueldo. Por cierto, obviamente los eurodiputados necesitan sus coches oficiales para moverse por Estrasburgo, y como éstos se encuentran en Bruselas, no es raro ver en la autopista de Bruselas a Estrasburgo los domingos o lunes por la mañana una gran cantidad de coches oficiales, vacíos casi siempre, haciendo el viaje al igual que el resto de personal.

Todo es un sinsentido, pero la cosa no acaba ahí. Los viajes a Estrasburgo dan para darse cuenta de lo mucho que le cuesta al Parlamento adaptarse a la nueva realidad. Cambiar, reformularse. Para que os hagáis una idea: cada eurodiputado cuenta delante de su oficina con un baúl verde de plástico y de un tamaño lo suficientemente grande como para que Ryanair te mandase directamente a facturación. Esos baúles llevan en el Parlamento desde casi el principio, y su función es transportar documentos desde la oficina de Bruselas a la oficina de Estrasburgo. Sí, todos esos baúles, el viernes antes de la semana de Estrasburgo, son recogidos por una empresa que se encarga de llevarlos a Estrasburgo, descargarlos y asegurarse que para el lunes por la mañana están frente a las puertas de lo despachos de los 751 europarlamentarios a 600km de distancia.

Ahora bien, desde hace muchos años, cuando abres tu cuenta en el ordenador de tu oficina u otro ordenador cualquiera en la red del Parlamento Europeo, todos tus documentos están ahí. No existe una necesidad real de mover grandes cantidades de papel. El resultado es que esos baúles hacen el camino completamente vacíos, de Bruselas a Estrasburgo y de Estrasburgo a Bruselas. Para que luego nos hablen de la contaminación y el efecto invernadero.

Muchos diputados han protestado para intentar acabar con las dos sedes del Parlamento, obviamente todo el mundo es consciente del derroche, pero cerrar Estrasburgo implicaría unanimidad entre los 28 países, y Francia nunca lo aceptaría. También muchos diputados han intentado acabar con el movimiento de baúles de un lado a otro, pero el sistema les ha ganado la batalla: demasiados intereses se han creado ya en el negocio de mover un baúl de una ciudad a otra. ¿Quién sería el héroe dispuesto a poner fin a ese negocio?

Si esto ocurre con unos baúles, imaginaos lo que ocurre a otros niveles.