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Ya no cuela

Las rectificaciones son para el verano

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A menudo la gente normal se pregunta cómo puede ir todo tan rápido en una dirección que se les impone, a pesar de que cualquiera con dos dedos de frente, al menos en conversaciones con amigos o en su fuero interno entienda que es un viaje a ninguna parte.

Con frecuencia los conservadores -incluidos no pocos conservadores de izquierdas- asisten perplejos al despertar a un rumbo que la noche anterior parecía haberse rectificado, como si estuviese roto el timón y solo hubiera un camino, el camino hacia la autodestrucción.

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La razón se ve mejor en verano. La gente normal descansa; los fanáticos, no, nunca. El verano es la visualización de que la gente normal tiene muchos intereses propios, privados, independientes de su diminuta participación en política.

Imaginemos que una empresa hay una vacante para un puesto directivo y dos candidatos, Juan y Pedro. Digamos, por mor del argumento, que Juan es más capaz: más razonable, más preparado, más prudente, más sensato. Pero su interés por el puesto es uno más, aunque importante, entre otros diversos intereses. Tiene familia, tiene amigos, valora su tiempo libre. Tiene, en fin, una vida.

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Pedro, en cambio, solo tiene un interés: conseguir el puesto. Va a dedicar todas las horas del día a lograrlo, a maniobrar, hace contactos, repartir favores, repetir promesas, fingir amistad. ¿Quién tiene más posibilidades?

No recuerdo quién decía que el fanático no es quien tiene una ideas muy claras y las defiende con firmeza, sino quien es incapaz de pensar en ninguna otra cosa. Y esa es la desventaja de la gente normal: que necesitamos muchas otras cosas, que nos importan muchas otras cosas.

Y el verano está precisamente para que ‘ellos’ recitifiquen el rumbo, se desahagan de los pequeños frenos, las débiles oposiciones que se les hayan podido enfrentar durante el curso.

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Argentina vuele a elegir peronismo. El peronismo le ha llevado al caos en el que está y ha convertido a la anterior presidente en multimillonaria. Pero son, básicamente, la clase política en Argentina, el sistema, y tienen más tesón y paciencia y hambre de poder que todos los demás.

Los barcos de Open Arms siguen con el paripé del ‘rescate’, cuando en realidad se coordinan con las mafias y van a recoger a los ilegales a la misma costa, e ignoran puertos seguros más cercanos que los europeos. No se cansan, nosotros, sí.