Los molinos

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Convencerse de que España es un Estado fascista debe de ser difícil, especialmente si uno tiene una idea vagamente aproximada sobre lo que significa un Estado fascista. Para empezar, denunciar públicamente el fascismo no es algo que suelan permitir las dictaduras. Uno sabe que, no sé, Cuba o China son de ese tipo porque no puede meterse en una red social y ciscarse en el régimen firmando con nombres y apellidos sin esperar una rápida visita de la policía.

En suma, si uno quiere vivir la fantasía de que vive bajo una tiranía opresora debe, al menos, evitar la contradicción de denunciarla a voces y demostrar así que es falso.

Pero esa es la disonancia cognitiva en la que viven muchos, empezando por los secesionistas catalanes. Gente que aparece en todas las televisiones del territorio nacional y tiene para sí y sus tesis una televisión pública, diarios, revistas, radios, e incluso un aparataje institucional y académico -por no hablar de una excelente situación económica- se cubren de ridículo fingiendo estar oprimidos.

El propio Ferreras, de La Sexta, dejó sin palabras a uno de estos motivados que aseguraba ante las cámaras durante el juicio a los golpistas que se les estaba juzgando por sus ideas, lo que les convertía en presos políticos. Pero, ¿esas ideas no son las mismas que expone usted?, le espetó Ferreras. El otro respondió que sí, claro, las mismas. Y entonces, remató el periodista de La Sexta, ¿por qué no está usted en la cárcel?

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Es decir, viven una fantasía, la fantasía de una Cataluña aherrojada y oprimida en la que viven obviamente fenomenal y dicen claramente lo que les dé la gana sin recibir otra cosa que aplausos del respetable.

Pero estas cosas, si no se paran a tiempo, ganan fuerza y van cada vez más lejos. Se han logrado convencer a sí mismos de que lo suyo es tan obvio, justo y razonable que la comunidad internacional se suma a su banda y mira con horror la actitud de España, cuando es absolutamente evidente que la abrumadora mayoría de los Estados tienen leyes y códigos que les protegen de la secesión de un territorio.

Por eso veíamos al otro día a Pilar Rahola, carne de tertulia, asegurando muy seria que al Estado le sería “muy difícil” impedir que los candidatos en fuga se convirtieran en eurodiputados. La Unión Europea ha respondido haciendo precisamente lo que Rahola y otros, como el abogado Boyé, veían “muy difícil”.Y la reacción de muchos, pero muchos, de la brigada del lazo amarillo ha sido concluir que la UE está en manos de ‘feixistes’. Ni en sus más locos sueños podría don Benito haber soñado lo extendido que estaría su régimen en la segunda década del siglo XXI.

Pero, aunque tenga su evidente vertiente cómica, es una realidad trágica. Cuando los gigantes resultan ser molinos y los malandrines, pellejos de vino, la depresión y la frustración suelen ser terribles.