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Los árbitros de rugby de Inglaterra protestan por el caos generado por jugadores transgénero en equipos femeninos

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Los árbitros de rugby femenino de Gran Bretaña están, como quien dice, tirando el silbato. No son pocos los que llevan meses renunciando a su función arbitral en respuesta a la participación en los equipos femeninos de hombres transexuales. Dicha inclusión no solo supone una notable desigualdad física (tamaño, musculatura, fuerza), sino que genera numerosas lesiones en las demás jugadoras, además de las correspondientes  incomodidades en los vestuarios, protestas y situaciones violentas para otras jugadoras.

Según informa Sunday Times ha habido árbitros a los que se les ha conminado a no rechazar a jugadoras con barba o fisonomía masculina. Las reglas de England Rugby requieren que las «mujeres trans» se sometan a un análisis de sangre que demuestre que sus niveles de testosterona se encuentran por debajo de cinco nanomoles por litro durante un año, pero después de que un jugador ha sido autorizado por la Rugby Football Union, las pruebas no se repiten y los árbitros –y demás jugadoras- están vendidos.

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«Obligar a priorizar los sentimientos de cada cual sobre los huesos rotos de los demás supone que yo tenga que responder ante jugadoras lesionadas por jugadores biológicamente masculinos», declaró un árbitro al Times

El exmedallista olímpico de natación Sharron Davies también cuestionó dichas prácticas, pues también en el ámbito de la natación se genera una evidente desigualad física entre las atletas femeninas y los trans. Y añadió refiriéndose al rugby: «¿Cómo es posible que una mujer transgénero, que es un hombre biológico, pueda jugar con las niñas, pero que las niñas que son niñas no pueden jugar a partir de una determinada edad con los niños por el peligro que supone para ellas?» 

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Controlar los niveles hormonales no elimina las diferencias biológicas entre atletas masculinos y femeninos. En julio, investigadores médicos de Nueva Zelanda llevaron a cabo una investigación que concluyó que los Juegos Olímpicos plantean una «injusticia intolerable» a las mujeres reales, pues se le obliga a competir contra hombres con confusión de género. Los transexuales conservan ventajas masculinas como la «articulación articular, el volumen sistólico y el consumo máximo de oxígeno» a pesar de la terapia hormonal. «Los jóvenes trans no perdieron masa muscular (o potencia) significativa cuando sus niveles de testosterona se redujeron (por debajo de las pautas del Comité Olímpico Internacional) durante 20 semanas». «Los efectos indirectos de la testosterona no se ve alterados por la hormona.» En definitiva, pese a los tratamientos hormonales, los transexuales masculinos conservan elementos físicos que vulneran completamente la igualdad de oportunidades en las competiciones femeninas. Son una fuente de abuso en ese sentido, y además puede encerrar intereses económicos o deportivos ocultos. En tales casos, el deporte femenino está trucado, con clara desventaja para las competidoras que son biológicamente mujeres. 

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