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YA NO CUELA

El agujero negro

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La derecha es la resistencia contra el caos, la defensa de la civilización, las formas y el orden contra la irresponsable destrucción de todas las reglas que han hecho de Occidente próspero y libre, luz y modelo para el resto del planeta.

Parece un donut radioactivo brillando en la oscuridad, pero los científicos nos aseguran que es el primer agujero negro del que tenemos una imagen fidedigna (una imagen generada, no ‘tomada’ ni ‘capturada’, como suelen decir los medios). Un agujero negro -copio de Wikipedia- es una región finita del espacio en cuyo interior existe una concentración de masa lo suficientemente elevada y densa como para generar un campo gravitatorio tal que ninguna partícula material, ni siquiera la luz, puede escapar de ella. No sé a ustedes, pero a mí esa definición me recuerda a algo que no tiene mucho que ver con la astronomía.

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Sé que el espectro político unidimensional, izquierda y derecha, es desesperantemente pobre para definir posiciones políticas y ha quedado desfasadísimo, pero si algo significa derecha, si tiene algún sentido aún el término, es la lucha constante contra dos realidades astrofísicas: la entropía y los agujeros negros.

La derecha es la resistencia contra el caos, la defensa de la civilización, las formas y el orden contra la irresponsable destrucción de todas las reglas que han hecho de Occidente próspero y libre, luz y modelo para el resto del planeta. Y es, en consecuencia, un combate contra ese agujero negro del poder, que busca tragarse todos los aspectos de nuestra vida, la vida privada de sus ciudadanos y las organizaciones sociales al margen de la política, muy especialmente la familia.

Que, digamos, el diario más veterano de la prensa madrileña, ABC, abra a tiro de piedra de las elecciones con una foto de cartel electoral de ‘El Sonrisas’ y la ‘noticia’ de que ‘El PP promete ahorrar a los españoles 16.100 millones en impuestos’ es, sin más, una tomadura de pelo, muy especialmente viniendo de ese mismo partido que en las elecciones que le dieron mayoría prometió lo mismo, haciendo lo contrario. Una promesa electoral difícilmente puede ser noticia de primera de un diario, menos aún una tan poco creíble.

Pero el agujero negro se lo traga todo. Se ha tragado, incluso, esa institución que, por su vocación de eternidad, debería estar más que ninguna por encima de las menudencias partidistas, la Iglesia. O, si lo prefieren, la jerarquía católica española. El episcopado español parece haberse casado en sus medios en matrimonio indisoluble con el PP, partido abortista y partidario del matrimonio homosexual y la teoría de género, y ha reaccionado al surgimiento de Vox como si en vez de defender el humanismo cristiano estuviera proponiendo la quema de la Conferencia Episcopal, como otros.

Cuenta @elentirvigo que un presentador de la COPE critica a Vox y a los católicos que se manifestaron contra el aborto. Y añade: “Como sigan así, en vez del “Ángelus” acabarán poniendo la melodía de campaña del PP”. Sería un gesto de honestidad, ciertamente.

Responde a su tuit @museodlavida con este comentario que hacemos nuestro: “La radio de los obispos comete un grave error al unir su suerte con la de un PP en franco declive. Un partido que no ha derogado ninguna ley de la izquierda y que lo único que garantiza es no atacar directamente a la Iglesia. Estrategía perdedora y moralmente discutible”.