TRIBUNA

‘Manual de resistencia’. El acto

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Se está convirtiendo ya en un imposible esto de circular por Madrid sin que te topes con un expolítico o, como ayer, un presidente del Gobierno hablando de su libro. En el ambiente, olor a grandes tardes. Ya saben, tardes de grandes expectativas, segura decepción. Eso sí, a las puertas del hotel Intercontinental las caras conocidas iban brotando como setas. Larguísima cola para acreditarse los periodistas; gran photocall mientras, en la calle, los miembros de seguridad levantaban alcantarillas; gran expectación mediática y más de 500 invitados para escuchar cosas sobre el número 1 en ventas, el libro más vendido en Internet, “el más vendido y el más pirateado”, afirmaba el editor. Allí estaba la ejecutiva del PSOE y los que le apoyaron en aquella “caída”. Daniel Basteiro enumeraba para su crónica los que llegaban, “y más de un diputado o asesor nervioso por su futuro profesional inmediato”. Veinte minutos antes de la hora llegaba Pedro Sánchez acompañado de Begoña. Previamente, de incógnito y a toda prisa, Irene Lozano, toda una especialista en esquivar a los periodistas.

Ante un multitudinario auditorio de partidarios entre los que no faltó el Padre Ángel, un incondicional de los actos sociales en Madrid o investidura que se tercie, comprobamos el estado natural de las Letras en España. Allí nadie se había leído el libro. César Luena confesaba que se había leído tres capítulos; Adriana Lastra tampoco había pasado ni una página pero, “lo viví todo”. Tras las fotos en el photocall, Pedro Sánchez comenzó a desgranar sus argumentos haciendo hincapié en que estábamos ante su verdad. Y ahí reside todo. No busquen más explicación. “Me lo debía a mí mismo y a mis seguidores”, que es otro manera como “los focos hacia mi persona”, que dijo Isabel Pantoja.

Si todos nos preguntábamos qué hacía Mercedes Milá presentando el libro (presentación electoral del todo) creo que Milá aún se lo pregunta también. Primer dato al entrar para dejarte ojiplática, “yo no conozco a Pedro Sánchez” –lo conoció ayer antes de la presentación- “me llamaron de Planeta y me lo propusieron”. Al menos Jesús Calleja ya lo conocía, colgado en el vacío a 70 metros de altura. Eso, por lo visto, le otorgaba confianza suficiente para soltar expresiones como “este libro mola”. Milá se mostró entregada desde el arranque, “el libro me ha parecido casi una novela, como un thriller”. Incluso le dijo a Sánchez que “rezumaba verdad y compromiso”. La primera cuestión era saber si ya había tenido reacciones a lo que allí contaba, “oye, esto que dices de mí no es verdad”, sobre todo por las referencias a Felipe VI: “La respuesta es no, no me ha dicho nada nadie de “yo no dije eso”. Estaba claro, si el presidente del Gobierno tiene como costumbre decir que en la vida no hay que ponerse límites, que ningún reto es imposible lo comprobamos de largo en el coloquio sobre este “libro escrito a cuatro manos”.

Explicó el título: “Me caí y me volví a levantar. Lo que reivindico es la segunda oportunidad, y la tercera, y la cuarta…” (atiende Susana Díaz). Y añadía, “si uno sabe cuáles son los errores los corrige, hay que resistir teniendo un objetivo. Las cosas las puedes cambiar no tropezando dos veces en la misma piedra”. En esas, Mercedes Milá demandaba más emoción porque aquello ya tornaba a mitin recitando la retahíla de logros como quien pasa las cuentas rezando el rosario. Milá seguía quejándose, “oye, hablas más claro en el libro que aquí”. Milá no caía en que aquello era un acto electoral y ya avisó Iván Redondo que la campaña va a tener tono sosegado, evitando la crispación.

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Jesús Calleja empezó a poner música de violines, “hablas con ternura sobre Mariano Rajoy”: “Nos unió Cataluña” aseguraba Sánchez, “le tengo aprecio y respeto”. Y aprovechaba para apuntar los dardos hacia la oposición, “es una crisis que afecta al país y a mí me gustaría, al menos, tener el mismo grado de lealtad por parte de la oposición que yo tuve con Rajoy”. Los dardos no paraban y los antiguos dirigentes del PSOE también recibieron su palito, “reivindico la historia del PSOE, la historia de los últimos 40 años, con sus aciertos y errores, pero esos referentes socialistas fueron de una sociedad que ya no es”. Mercedes Milá, locuaz e incontrolable, continuaba entregadísima, “tú que eres un patriota, ¿por qué aguantas que te llamen traidor?” para de repente, como en pleno directo de Gran Hermano, atizar a Albert Rivera tirando de su vida sentimental. Efectivamente, allí salió hasta Malú: “Mientras Pedro Sánchez saca adelante el país con Cataluña, dónde estaban los demás. Yo creo que Albert Rivera estaba empezando a ligar con Malú y no se dio mucha cuenta ni de lo que hacía. No se entera de nada. Entre que Pablo Iglesias, el pobre, está en un permiso de paternidad con esos problemas enormes y el otro (Rivera) va por su segunda mujer… porque yo conocí a la primera…”. Pedro Sánchez permanecía en silencio y sin saber a qué ángulo del salón mirar… Como sería la cosa que Calleja tuvo que decirle a la presentadora “vete concluyendo que se te está yendo la pinza”.

Cuando Sánchez pudo coger el hilo de nuevo estábamos más ante un libro de autoayuda y ante un presidente que no disimulaba su afán por ‘autoreivindicarse’: “Lo que me pasó fue lo mismo que le ha ocurrido a muchos españoles. Lo importante es saber cuál es tu objetivo y a partir de ahí aprender de tus errores para no volver a cometerlos. A partir de ahí puedes caminar”. Aviso a navegantes. Be water, my friend.

Milá seguía con sus cosas y proponía al presidente del Gobierno un “apaño” entre su perro y Turca, la mascota de Sánchez. Coincido con Luz Sánchez Mellado, “poco o nada es casual en el negocio, y la fecha de presentación está estudiada al milímetro. Cuanto más agitada esté la actualidad, más cobertura. Independientemente del contenido y calidad del libro, la prensa aguanta la charla por llevarse su titular. Los políticos, su baño de jabón. Y los libreros, la cita gratuita de su producto en los medios. Todos contentos”.

¿Qué queda de lo de ayer? Como escribía Azorín, “se ha charlado mucho en la Cámara: en realidad no se dijo nada… Está bien, se derrochó elocuencia (¿), unos dijeron unas cosas; otros dijeron otras”.